Análisis del Poema XXVIII
He
almorzado solo ahora, y no he tenido
madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,
ni padre que, en el facundo ofertorio
de los choclos, pregunte para su tardanza
de imagen, por los broches mayores del sonido.
Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba
a servir
de tales platos distantes esas cosas,
cuando habráse quebrado el propio hogar,
cuando no asoma ni madre a los labios.
Cómo iba yo a almorzar nonada.
A la mesa de un buen amigo he
almorzado
con su padre recién llegado del mundo,
con sus canas tías que hablan
en tordillo retinte de porcelana,
bisbiseando por todos sus viudos alvéolos;
y con cubiertos francos de alegres tiroriros;
porque estánse en su casa. Así que gracia!
Y me han dolido los cuchillos
de esta mesa en todo el paladar.
El yantar de esas mesas así, en que
se prueba
amor ajeno en vez del propio amor,
torna tierra el bocado que no brinda la
MADRE,
hace golpe la dura deglusión; el dulce,
hiel; afeite funéreo, el café.
Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,
y el sírvete materno no sale de la
tumba,
la cocina a oscuras, la miseria de amor.
¿Hay algo más tierno que Vallejo en este poema? Dan ganas de abrazarlo y consolarlo. Es maravilloso cómo puede reflejar y sugerir sus sentimientos con este poema vanguardista. A simple vista puede parecer un poema difícil a los neófitos de la Literatura o la poesía de Vallejo pero habla de la soledad, la ausencia materna y la falta de amor.
Este poema pertenece a su libro Trilce, publicado en 1922, unos años después de la muerte de su madre, lo cual es el leit motiv de su poemario.
Comienza haciendo referencia al almuerzo, a la comida donde la familia se reúne a la mesa a comer y pasar el rato juntos. Es un momento sagrado, que connota unión y amor. En ese almuerzo el yo lírico ha estado solo, no había nadie que le ofreciera la comida, ayuda o compañía, sugiriéndolo por medio de la enumeración "madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua, ni padre". También se presenta un polisíndeton, por la repetición de “ni” probablemente para enfatizar lo que le falta. La figura materna es retratada como la base de la familia, pues imparte calor, amor, seguridad, confianza, ternura, comprensión y apoyo incondicional a todos los integrantes de su entorno familiar, especialmente al yo lírico. Luego, presenta a su padre, a quien lo describe como aquel que brinda orden, unión y respeto dentro del núcleo familiar.
Lleno de neologismos este poema, como todo el libro vanguardista, se vuelve un poco más hermético en los siguientes versos.
En la tercera estrofa, el yo lírico sugiere la situación que ha generado los sentimientos antes descritos. Se encuentra cenando en la casa de un amigo, en donde ha presenciado el amor hogareño, el afecto maternal y la llegada del padre del trabajo “con su padre recién llegado del mundo”, lo que le ha motivado la evocación de los momentos en los que él compartía con su familia en la casa provinciana y que ya no volverán.
Este ambiente contrasta con su definitivo desarraigo, debido a que podemos encontrar la antítesis de las escenas de la cena con el amigo del poeta, que muestra su unión familiar, en oposición a la situación de desamparo en la que se halla el yo poético. Además, en el verso “cubiertos francos de alegres tiroriros” se sugieren los sonidos producidos por los integrantes de la mesa que originan en él un gran dolor, pues intensifica su situación de orfandad. Alegres conversaciones, ruidos, buen ambiente “…canas tías que hablan en tordillo retinte de porcelana...”, el amor de ese hogar que no va dirigido hacia él “amor ajeno en vez del propio amor”.
Según Lemaitre Monique (2001, p. 111), la madre se convierte en lo opuesto a todo lo ausente en la mesa. “torna tierra el bocado que no brinda la // MADRE”, por medio de un profundo pesar por la nostalgia de su madre, sugiere que el comer sin ella convierte los alimentos en tierra, se vuelve indispensable para el disfrute de la comida, o el disfrute de la vida misma. Por ello, los alimentos recibidos se tornan en amargos “el dulce, hiel; aceite funéreo, el café” y le producen un profundo dolor, pues simbolizan la pérdida maternal.
Este poema no se trata del momento de la cena o de los alimentos, estos se convierten signo y evocación de la muerte, posteriormente el poeta siente un nudo en la garganta como síntoma de la angustia vivida, un hombre desamparado que se encuentra en un estado de vacío espiritual.
En la última estrofa, el yo lírico sugiere la idea de resignación ante la defunción de su madre “…y el sírvete materno no sale de la tumba…”, recordando, en primera instancia, el hogar ya disgregado que necesita de ese amor que solo lo puede prodigar la figura materna “la cocina a oscuras, la miseria de amor”.
Del poema se infiere que el yo lírico busca el cariño y la comprensión de las personas cercanas a él, pues ha perdido a su madre, símbolo de familia. Tiene la intención, además de intentar producir, en cada uno de sus lectores, que se identifiquen con la situación de orfandad que pretende enfocar y nos da a entender que el amor de la familia, en especial el de una madre, no puede ser reemplazado por otro.
Lemaitre,
Monique J. 2001. Viaje a Trilce. México, D.F. 06470. Plaza y
Valdés, S.A. de C.V.
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