martes, 19 de febrero de 2019

Quevedo de mi vida



Ah de la vida… Francisco de Quevedo



“¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni a dónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.

Este soneto pertenece a Francisco de Quevedo, uno de los poetas más representativos del Barroco. El Barroco es un movimiento artístico y literario del siglo XVII en España que se caracteriza por tratar temas como el desengaño y el pesimismo, producto de las circunstancias sociales que estaban aconteciendo en aquellos momentos.
Esta poema es un soneto (dos cuartetos y dos tercetos) cuya rima es consonante y cada verso tiene 11 sílabas, es decir, endecasílabo. El esquema métrico es ABBA ABBA CDC DCD.
Dividiremos este soneto en dos partes. En la primera parte, los cuartetos formarían una unidad temática ya que el poeta nos explica que se ha hecho mayor sin darse cuenta, el tiempo ha pasado y él está enfermo. La segunda parte estaría formada por los tercetos en las que la reflexión existencial sobre el tiempo dominan estas estrofas y acaban de dar sentido al poema, de marcado estilo pesimista. Solo hemos de fijarnos en los verbos: “fue”, “será”, “soy” para insistir en la idea del paso inevitable del tiempo que nos lleva a la muerte. 
En el primer verso encontramos la interrogación retórica “¿Nadie me responde?” que nos indica la soledad del poeta agudizada por la enfermedad y los años. Además el paso del tiempo lo podemos observar en los adverbios de los tercetos que insisten en esta idea: “Ayer”, “hoy” y “mañana” que además son términos antitéticos, recurso este (la antítesis) muy característico del barroco ya que muestran esa idea de contradicción y pesimismo.
La exlamación retórica ocupa el los dos primeros versos del segundo cuarteto insiste en la idea de fugacidad, de cómo el tiempo ha pasado tan rápido que él ni tan siquiera de ha dado cuenta. Este sentimiento de sorpresa se refuerza con el uso de la exclamación. Fijémonos también en la personificación de “la salud” y “la edad”.
Podríamos comentar las metáforas: “pañales” y “mortaja” que hacen referencia precisamente al principio de la vida, y al final de esta. Ambas etapas sintetizadas en el uso que hacemos de los paños característicos de cada etapa vital.
El uso de la conjunción “y” en el verso:”soy un fue, y un será, y un es cansado” nos da la sensación de lentitud, de recreación en el tiempo, de alargar algo que sabemos que es inevitable, como es la muerte.
En resumen, este soneto representa las características propias del Barroco sobretodo en su temática que destila el sentimento de pesimismo y desengaño que reflejan los autores de la época. La muerte y la reflexión sobre la vida ocupan la temática central de este poema que nos explicita cómo pasa de rápido el tiempo.


PAN GU Y LA CREACIÓN DEL MUNDO


TRADICIÓN CHINA

En el principio, el universo estaba contenido en un huevo, dentro del cual, las fuerzas vitales del yin (oscura, femenina y fría) y del yang (clara, masculina y caliente) se elacionan una con otra. Dentro del huevo, Pan Gu (o también Pan Ku), formado a partir de estas fuerzas, estuvo durmiendo durante 18.000 años. Al despertar, se estiró y lo rompió.
Los elementos más pesados del interior del huevo se fueron hacia abajo para formar la tierra y los más ligeros flotaron para formar el cielo. Entre la tierra y el cielo, estaba Pan Gu. Todos cada día, durante otros 18.000 años, la tierra y el cielo, se separaban un poco más. Pan Gu crecía la misma proporción por lo que siempre se llenaba el espacio intermedio.
Finalmente, la tierra y el cielo llegaron a sus posiciones definitivas. Agotado, Pan Gu, se echó a descansar. Y estaba tan agotado que murió. Su cuerpo y sus miembros se convirtieron en montañas. Sus ojos, se transformaron en el sol y la luna. Su carne, la tierra; sus cabellos, los árboles y las plantas; sus lágrimas, ríos y mares. Su aliento, fue el viento; su voz el trueno y el relámpago.
Y por último... las pulgas de Pan Gu... ¡se convirtieron en la humanidad!
Sunrise by the ocean (Vladimir Kush, 2000) de Vladimir Kush.